Toiletes con bicho

November 25, 2006

 Bien, bien, voy a  contar una experiencia harto desagradable que me ha sucedido.

 El otro día estaba en un pub con mi mujer escuchando al típico grupo de música filipino cuando me di cuenta de que el cuerpo quería evacuar las tres Budweisser que llevaba consumidas.

 Me dirijo al servicio de pub y al entrar me encuentro a un chino super sonriente que me hace reverencias y todo lo imaginable. Yo que no estoy acostumbrado a que me traten como a Hu Jintao, no me siento muy confortable, pero bueno, le devuelvo los saludos y me dirijo a cumplir con mi objetivo.

 Ya estoy en la realización de la misión noto que el caballero se acerca por mi espalda rápidamente y cada vez le tengo mas cerca. ¿Qué hacer, que hacer? Cuan desprotejidos estamos en ese momento, con nuestra cara contra la pared y con las verguenzas al aire. Noto que me coloca una toallita caliente en la nuca y se retira.

 Yo en este momento me siento muy, muy mal. Han invadido un espacio y un momento de intimidad inviolable. Es realmente desagradable.

 Termino mi misión con esta cosa en la nuca y me dirijo al lavabo, durante el camino me retiro la humillante toallita y me acerco al lavabo donde me esta esperando este impresentable. Hago un ademán para coger el jabón pero el se tira a por él y me rocia las manos. En su impetu el jabón líquido casi me sirve para lavarme también la cara. Me miro las manos llenas de jabón líquido y me doy cuenta de que no hay agua. El impresentable me lee el pensamiento y se lanza a abrir el grifo.

 Mientras me estoy lavando las manos, noto que el impresentable comienza un nuevo acercamiento y… empieza a masajearme el cuello. En estos momento ya no se que hacer. Ha invadido mi espacio vital dos veces, y me esta haciendo sentir realmente mal. Considero partirle la cara o salir de alli corriendo. Decido llevarlo con paciencia y terminar de lavarme las manos instantaneamente. Inmediatamente trás terminar el tipo impresentable me da dos tollitas secas para secarme las manos. Trás secarme las manos se abalanza por las toallitas y se pone a hacer interminables reverencias.

 Trás la horrible experiencia decido que al menos se lo ha trabajado y se merece unos yuanes, pero, maldita sea, todo el dinero lo lleva mi esposa.

 Más avergonzado por no llevar dinero que por lo que ha sucedido vuelvo al lado de mi esposa y le cuento lo sucedido. Ella se muere de risa y a poco se cae de la silla. Le pregunto si en el baño de señoras hay otro caballero impresentable dando masajes (ella ha ido un momento antes) y me dice que no, que en el baño de señoras no pasan cosas raritas. Que cachonda.

 Diez minutos despues me doy cuenta de que, Oh, no, he terminado mi misión demasiado rápido y mi cuerpo necesita volver al lugar de la humillación. ¿Qué hacer?. No hay más remedio que volver, la naturaleza llama con fuerza.

 LLego al baño y me encuentro al impresentable, al cual le espeto segun me lo encuentro, No need!, no need!, bu xu yao!, bu xu yao!, bu yong!, bu yong!. El coge la indirecta y me deja terminar una misión placentera e intimista.

 La segunda fue la oportunidad de enmendar el primer error y dejarle una propinita.





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