Cuestión de probabilidades

February 6, 2007

Estoy estos días un tanto aburrido y me he puesto a pensar en tonterías. La verdad es que estoy alcanzando niveles raritos, raritos. El otro día pensé esta y creo que debo escribirla para la posteridad.

Resulta que en el 2005, aprovechando estas fechas de Año Nuevo Chino en las que no trabaja un solo chino, nos fuimos los compis de curro y yo a Tibet. Como no podía ser de otra manera, el viaje se truncó con la llamada de nuestro jefe diciendo que volviesemos pitando para la oficina.

Tuvimos que comprar el primer billete de avión a Beijing y resulta que este salía del aeropuerto de Lhasa a las 7:00 am.

Pues ese billete compramos y esa mañana nos encaminamos al aeropuerto de Lhasa. Hay que decir que el aeropuerto está a unos 40 minutos de Lhasa, en carretera mal que peor. Salimos del hotel a las 4:30 a.m. y pillamos al primer taxista despierto que  encontramos. Trás tratar de hacernos entender llegamos a la conclusión de que sabía que queríamos ir al aeropuerto (menos mal que me llevé el diccionario). Y así empezó todo.

La situción en el trayecto era la siguiente. Noche profunda, negra como el corazón de Judas, nuestro amable taxista medio dormido, taxi en lamentables condiciones. Cuando llevamos 20 minutos de trayecto nos damos cuenta que el caballero tiene predisposición por la velocidad así como por invadir el carril contrario en curvas ciegas, a veces no hacía falta ni la curva, simplemente iba por donde quería.

Es normal que empezásemos a intranquilarnos, y a hacerle entender (por gestos) al amable taxista que frenase y que dejase de ir por el carril contrario, que con el suyo bastaba. Pero el amable taxista, además de acelerar más, se lo tomaba como a risa, riendo a carcajada limpia. Y nosotros diciéndole cada vez más agresivamente que dejase de hacer el guinda.

En fin, como no ibamos a ninguna parte discutiendo (si el tio se cabreaba nos dejaba allí en medio de ninguna parte, que es igual que la muerte segura), yo me dormi y rezé todo lo que pude, me acordé de mi jefe  todo lo que pude también y esperé lo que viniera.

Ahora me he puesto a pensar, que tal vez haciamos mal en decirle que fuese por su carril. Si tenemos en cuenta que todos son como él, pues los otros tomarán con mas predisposición el carril contrario en curvas ciegas, lo cual nos lleva a que si mantuviese su carril, habría mas probabilidad de habernos matado. Creo que de 25% que era en el viaje, habría pasado a más del 50%.

 

¿Será esto como lo pienso?¿Sería esto de lo que se reía el amable taxista?

 





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